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Ninguna época ha tenido una consciencia tan estridente del sexo como la nuestra; la prueba de esos innumerables libros en el Museo Británico, escritos por hombres acerca de las mujeres. Sin duda les corresponde culpa a las sufragistas. Deben haber despertado en los hombres un extraordinario deseo de autoafirmación; deben haberlos impulsado a enfatizar su propio sexo y sus características, cosa que no hubiera pasado sin ese desafío. El hombre desafiado, aunque no sea más que por una cuantas mujeres de sombrero negro, reacciona de manera un tanto excesiva: sobre todo si es la primera vez en la Historia.

Virginia Woolf (1882-1941) – Un cuarto propio.